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PREFACIO

 

Es completamente inadmisible que descubrimientos arqueológicos excavados a inicios del siglo pasado, casi al mismo tiempo del hallazgo de Machupicchu, hayan quedado de nuevo "sepultados" por el mundo científico. Me refiero a los que hiciera Max Uhle en Supe, Moquegua y Arica. En el caso de Supe, descubre entre rudimentos de los pescadores primitivos, una bolsa tejida con lana de auquénido conteniendo semillas de quinua. Así mismo, un vaso de piedra en forma de timbal. En el caso de Arica, halló igualmente un manto tejido con plumas grandes, rojas y azules de Ara macao (Papagallo o Guacamayo), un colorido ave de las junglas amazónicas, así también maderos de chonta, materiales llevados “del otro lado de los Andes”, por medio de un tráfico inexplicable a través de la casi inaccesible cordillera de los Andes, si todo el terruño hubiese estado poblado de muchedumbres primitivas, así como las de Supe.

La Dra. Ruth Shady descubridora científica de Caral, con las más modernas técnicas la ha datado en 5,000 años de antigüedad, datación que llamó poderosamente la atención de la colectividad científica, pues ahora al igual de Mesopotamia, India, China y otros lugares prístinos, el Perú estaría catalogado como un posible originario de la cultura mundial. Este hecho ha dado lugar a que muchos científicos duden de esta datación y al mismo tiempo exigió a los investigadores a reconsiderar la antigüedad de sus materiales y rudimentos. Muchos de ellos ya manifestaron su acuerdo como es el caso del Dr. Markus Reidel para las Líneas de Nasca; la presencia de varios geoglifos en forma de animales selváticos como es el caso del mono, constituía un verdadero problema ‘silenciado’ hasta la fecha. ¿Cómo fue llevado el mono desde las junglas peruanas a la costa? Si consideramos la enorme distancia, lo intrincado de la geografía andina y sobretodo la altura, habría que atravesar Puquio y Pampa Galeras con alturas por encima de los 5000 metros sobre el nivel del mar. Es forzoso pues, aceptar que quién lo transportó debió detenerse a medio camino para reabastecerse y descansar. Qué curioso que tal lugar coincida perfectamente con la ubicación de Cusco, la antigua capital de los Incas.

Sin entrar en vanas discusiones que no nos conducen a nada, ya Supe (civilización a la que pertenece Caral) había sido datada en más de 4,000 años por Tello y Uhle. Para dejar contentos a Tirios y Troyanos, vamos a hablar de un promedio de 4,500 años. Sin olvidar que lo verdaderamente importante y significativo es saber que la bolsa de lana evidencia que hacia aquella fecha ya existía en los altos Andes peruanos una civilización que había domesticado la Llama, la Vicuña y otros auquénidos y conocía la textilería avanzada; por otro lado, debemos de considerar que la quinua en su estado silvestre es venenosa y para domesticarla se necesita de altos conocimientos de agricultura. El vaso de piedra en forma de timbal, pone en evidencia que esta hasta hoy desconocida comunidad también tenía cerámica. En los enterramientos de las tribus antiguas de Piragua en el norte argentino se vuelven a descubrir tejidos de lana de auquénidos, por lo que se ve notoriamente que los habitantes de Piragua habían estado en aquel período bajo la influencia directa de los “primeros estilos peruanos”, como lo mencionara Uhle, no obstante la distancia geográfica de 220 leguas de los centros excavados del núcleo de irradiación, que curiosamente de nuevo vuelve a coincidir con Cusco ¿Qué civilización podría haber existido en las altas cumbres andinas, que además de comercializar con la costa lo hacía también con la selva, como lo demuestran las plumas de Papagallo? La Cultura Chavín, Wari o Tiahuanaco que habitan la zona vienen mucho después.

Son tan desconcertantes estas incógnitas, que los investigadores posteriores a Uhle y Tello prefieren 'hacerse los locos' y evitar abordar el tema. Esto es comprensible pues no tenemos mayores datos de tal cultura andina y sería mejor dejar el tema sin respuesta hasta que la ciencia descubra alguna pista. Pero esta no es la única incógnita que desafía a la razón del hombre moderno, allí están por ejemplo, la trepanaciones craneanas, las que reconstruyéndolas en laboratorios modernos con alta tecnología no han sido posibles de explicar, pues cortar el hueso craneal es imposible con los instrumentos que suponemos lo hicieron; una vez concluido el corte, el hueso se precipita sobre la masa encefálica produciendo la muerte del individuo instantáneamente, y aún en el caso de tener éxito, como hacemos para el tratamiento post-operatorio si no conocemos la penicilina... Por otro lado, quién haya visitado Sacsayhuamán y tenga uso de razón, no podrá aceptar en su sano juicio cómo colocaron aquellas inmensas moles pétreas, algunas de ellas calculadas en 200 toneladas de peso, con tal perfección que literalmente y verdaderamente no cabe la punta de una aguja entre ellas, además con ángulos y curvas caprichosísimas. He visto a ingenieros y arquitectos de nuestros países más avanzados, menear negativamente la cabeza al tratar de imaginarse a los constructores incas, subiendo la pesada piedra una y otra vez, pisándose los talones, corriendo peligro de muerte, puliéndola por los más de cuatro costados con otras piedras se supone más duras, hasta que quede como la vemos hoy. Lo que sí se entiende claramente es que uno de los conceptos que mejor entendían, era el concepto de Perfección.

Un aspecto en el que todos los investigadores están de acuerdo, es que las manifestaciones pictóricas y escultóricas se presentan ‘ya desarrolladas’; las complejas esculturas del Monolito y Lanzón de Chavín, la Estela Raymondi, la Portada del Sol de Tiahuanaco, se presentan ‘de la noche a la mañana’ sin que se encuentre una Escuela o Tradición que se practique anteriormente y a la que culminen. Así mismo, Fernando Aparicio en su anterior libro: “Líneas de Nasca – Enigma Resuelto”, el que tuve el honor de presentar en el Congreso de la Republica del Perú, hace hincapié en que no se encuentra un geoglifo anterior, por ejemplo, al colibrí o a cualquiera de las otras figuras, es decir no existe un borrador por el que necesariamente hayan tenido que pasar en la técnica intento-error. Los geoglifos se encuentran dibujados ‘ya perfectos’ incluyendo su orientación. Es imposible aceptar que hombres que recién estaban empezando a domesticar el frejol, en un proceso de sedentarización donde apenas dejaban de ser cazadores y recolectores, pudieran concebir diseños a escalas gigantescas, pues para hacerlo se  necesita de una capacidad de abstracción de pensamiento propio de un egresado de universidad y ¡de qué les servía haber realizado tamaños dibujos si no podrían verlos y comprobarlos, pues no podían volar! ¿Cómo llegaron a tal grado de desarrollo? ¿En qué Universidad estudiaron?

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuanto duró el Imperio Inca? ¿Sería posible que en los 300 ó 400 años que se le da, haber construido con estos métodos primitivos tantas ciudades, fortalezas, caminos, puentes en tan vasto territorio y en la terrible, arisca e indomable geografía de los Andes? Y ¡sin poder comunicarse por escrito pues que carecían de escritura! Esto sin considerar las conquistas que hace Túpac Inca Yupanqui hacia la Polinesia, que como nos cuenta Antonio del Busto, llegó hasta Tongarova, una isla a pocos kilómetros de Nueva Zelanda. Si con esa distancia este Inca hubiera tomado la dirección del Atlántico Norte, hubiera llegado hasta Siberia rusa y conquistado toda Europa que en esos entonces se encontraba en pleno oscurantismo del Medio Evo.

Para el caso propio de Machupicchu, ¿Qué fue? ¿Porqué los últimos incas no sabían de su existencia? Esta pregunta se ha pasado por alto, sosteniendo que los últimos incas heroicamente ocultaron su existencia. Esta teoría se va por tierra al saber que muchos curas extirpadores de idolatrías, torturaron hasta la muerte a los “indios” con el fin de que confesaran donde estaban sus principales "Huacas" y con ellas sus ricos tesoros, o saber que muchos soldados españoles se casaron con princesas incas, táctica a través de la cual ya no se podría esconder nada, o peor aún si consideramos que muertos los incas de Vilcabamba, sólo quedaron los famosos "felipillos" del traidor Paullo a quienes John Rowe califica de Incas Títeres, quienes con el fin de ser reconocidos como "Nobles" durante la colonia podían confesar aún lo que no sabían. Personalmente, conozco el Machupicchu unas graderías que descienden en espiral hacia el subsuelo, sin llegar a nada, ni una habitación, ni una puerta... es tan raro que ni los guías de turismo se atreven a comentarla, ya que desafía toda forma de razón, poniendo en evidencia que el problema es de carácter epistemológico. No es sólo la Arqueología quién está llamada a responder estas incógnitas, sino que debemos de recurrir a todas las ramas de la ciencia, a todas las armas a nuestro alcance.

En este sentido el trabajo de Fernando Aparicio Bueno, es un atinado estudio multidisciplinario que con énfasis en Arqueología, Antropología y Etnohistoria, pasa necesariamente por medicina, arqueo-astronomía, lingüística y llega a abarcar áreas tan lejanas como Física Cuántica, mitología e Iconología, que le ayudan a resolver todas estas incógnitas. Respaldado en hallazgos arqueológicos irrefutables, los mismos que coincidentemente son narrados por los cronistas tempranos. En algunos casos estas antiguas tradiciones todavía se practican en nuestros días en zonas aisladas y marginadas por nuestra sociedad. Como especialista en neurología, estoy sobrecogido de cómo demuestra que los antiguos incas lograron desarrollar su capacidad cerebral y neuronal mucho más allá de lo que actualmente nosotros siquiera imaginamos, a través de la técnica de las deformaciones craneanas. Si estudiamos con cuidado un cerebro deformado, tendremos que advertir que interiormente la masa encefálica también ha sido modificada, y las diferentes áreas encargadas de la memoria, el raciocinio, los actos reflejos, etc. se muestran alterados. He tenido la oportunidad de observar un cerebro donde la Cisura de Rolando, que se encarga de la memoria, es tres veces más larga que una normal, lo que definitivamente significa que su poseedor tenía ¡tres veces la capacidad de memoria de la nuestra! Es decir que tales deformaciones no se trataban de una ‘moda absurda’ como hasta ahora habíamos creído, sino que tenían una función utilitaria, ¡Genial! ¿Qué maravillas podría descubrir un estudiante que tenga tres veces (o más) nuestra capacidad de memoria, o de análisis, o de inteligencia?

Personalmente estoy sobrecogido al enterarme de que Colón no descubrió América y de tomar consciencia de que los incas conocieron el Rayo Laser, antes pensaba que este tema de que los incas conocieron alta tecnología era sólo para las novelas, o para aquellos  alucinados que lo explican todo con ‘Platillos Voladores’ y extraterrestres. Pero después de constatar sus descubrimientos arqueológicos, recién me queda claro el caso de las trepanaciones craneanas y el cortado de las piedras. Estos adelantos se habrían logrado en la Facultad de Medicina, o de Ingeniería, o de Físico-matemáticas, o de Arquitectura de la  Universidad de Machupicchu, que en aquellos entonces se llamó Huanacaure, la mítica montaña donde se originaron los Incas, o el “Camac Pacha” lugar donde se creó a la humanidad, como lo dibujara Joan Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamayhua, nuestro cronista indio. Ciudad de la cual Hiram Bingham ya tenía sospechas de su existencia como "La Universidad de la Idolatría". Lugar que para los mismo incas ya era legendario, pues sino el Padre Cobo lo hubiera colocado dentro de sus “Ceques y Huacas”.

El presente libro también nos hace entender el correcto enfoque epistemológico del hasta ahora mal entendido shamanismo, nuestra ciencia ha abordado el tema enfocando sólo la personalidad del shamán y toda su ‘ridícula’ parafernalia, declarándolo a veces como un sicótico estrafalario digno de un análisis freudiano. Sin embargo, si estudiamos este fenómeno a través de los últimos descubrimientos que la Física moderna utiliza, para esclarecer los conceptos de la estructura del Universo, la cosa cambia radicalmente y entenderemos que los médicos andinos tuvieron acceso a diferentes Universos Paralelos, que cohabitan con nosotros, en nuestro mismo espacio-tiempo, pero que no los podemos ver, pues “tenemos ojos y no vemos” y nos la pasamos mirando sólo hacia afuera y nunca hacia adentro. Estos Universos sólo se pueden ver con la ayuda del Yagé y otro centenar de plantas que utilizaron en su medicina y están al alcance de quien quiera descubrir esta "Otra Maravilla". Considerando que la Organización Mundial de la Salud, ya hace algunos años, ha declarado obsoleta a la medicina científica por los ‘daños colaterales’ y en realidad la cura mata más que propia enfermedad… es muy extraño que los laboratorios no se hayan volcado sobre la Medicina Tradicional Andina, que tiene un mundo que ofrecer.

Finalmente, se especula los ‘dimes y diretes’ en una tonta discusión en la que sostiene de que antes de Bingham ya se había llegado a Machupicchu, pues él al llegar encuentra un letrero “Yo estuve aquí” rasgado en la roca cuyo autor es Agustín Lizárraga; describiéndolo en su primera edición, para luego ir borrándola en sus siguientes ediciones con la clara intención de aparecer él como el único descubridor. Pues, ni éste ni el otro se pueden jactar de ser los descubridores científicos, ya que el primero no escribió nada y el segundo en su libro “La Ciudad Perdida de los Incas” sólo describe sus intentos y su viaje e arribo a Machupicchu, pero nunca siquiera un esbozo, una teoría, una hipótesis, mucho menos un análisis como lo realiza Fernando Aparicio Bueno, cuyas conclusiones sí resuelven las incógnitas del Resto Arqueológico… y no estamos hablando de un improvisado o un advenedizo, pues entonces, me remito a sus anteriores libros, como su "En Busca del Paititi", donde demuestra la existencia del fabuloso tesoro escondido por los últimos incas, para evitar su destrozo por la anguria española. Ciudad en la que como lo demuestra aquí, se hallan los restos que por suerte Bingham no encontró, y cuya existencia muchos mediocres niegan. O también a su "Introducción a la Heráldica Inca" que tuve el placer de prologar, en el que muestra descubrimientos arqueológicos la verdadera Bandera del Tawantinsuyu, que estoy seguro, muy pronto volverá a flamear orgullosa, digna, inmaculada, en la Plaza de Armas del Cusco.

El "Descubridor Científico" de Machupicchu pues, será aquél quién resuelva y explique científicamente las incógnitas de esta Maravilla mundial. En este sentido, el libro que hoy presento a la opinión pública, indudablemente se ha realizado durante muchos años, ya que para recoger todos los datos que ofrece, ha tenido que explorar, viajar, buscar, rebuscar y volver a descubrir, descubrimientos ya realizados para “digerirlos científicamente” sin el afán de hacerlos pasar como ‘suyos’ y que sólo espera un hallazgo arqueológico que sea “la gota que rebalse el vaso” para que su teoría quede esclarecida (se hace necesario mencionar que el presente Prólogo, se escribió antes del descubrimiento del “Señor de Wari” realizado en Espíritu Pampa – Vilcabamba, en la Provincia de la Convención, Cusco, por el arqueólogo Javier Fonseca Santa Cruz. Hallazgo que dio la clave a la que se refiere el autor). Estos y muchos otros aportes contundentemente esclarecedores, harán que este libro pase a formar la corta lista de los clásicos, y no es que ‘le tire demasiadas flores’, sino que es hora de saber diferenciar 'el grano de la paja', lo genial de lo mediocre. Estoy seguro de que cuando Ud. tome consciencia del significado de la “Maravilla del Mundo” y de cómo esto se ha sustentado en este trabajo, coincidirá con mi humilde punto de vista: que tiene bien merecido el título de "Machupicchu - Enigma Resuelto".

 

                                                                                         FERNANDO CABIESES

 

 

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